Este artículo presenta una experiencia de innovación educativa desarrollada en la Institución Educativa Integrada “San Ramón”, en la región Junín, orientada a fortalecer las habilidades orales en la educación inicial a través de la articulación entre arte, cultura e inteligencia artificial. A partir del dibujo, el storytelling y el encuentro con la cultura Shipibo-Konibo, el proyecto promueve el desarrollo de la competencia comunicativa y la construcción de la identidad desde la primera infancia.

A continuación, se presenta el desarrollo de esta experiencia educativa.

Jaton Ikábo, Jaron Jati, Nete Onán Yora– Dibuja y expresa con innovación

Este proyecto nace en la Institución Educativa Integrada “San Ramón” en el centro poblado primavera del distrito de San Ramón de la provincia de Chanchamayo, Región Junín que desde hace 61 años atiende a estudiantes de los niveles de inicial, primaria y secundaria provenientes tanto del ámbito urbano marginal y rural,  como una respuesta creativa y profundamente humana a una problemática urgente: el bajo desarrollo de las habilidades orales en niños de 3, 4 y 5 años, competencia esencial del área de Comunicación según el Currículo Nacional. Cuando esta capacidad no se fortalece tempranamente, los estudiantes enfrentan dificultades para comprender su entorno, expresar sus emociones y relacionarse socialmente, afectando su autonomía y su acceso a futuros aprendizajes (Egan, 1999).

La innovación de este proyecto se enraíza en una experiencia transformadora: la visita a la comunidad nativa Shipibo-Konibo “Shawan Rama”. Allí, los niños de la institución se encontraron con un universo de símbolos ancestrales, patrones geométricos y colores vibrantes que no solo capturaron su atención, sino que despertaron su imaginación y sensibilidad cultural. Esta vivencia se convirtió en el punto de partida para una propuesta pedagógica que articula arte, cultura y oralidad.

El corazón del proyecto reside en el dibujo como lenguaje primario. Después de la experiencia vivida y a través de trazos libres, los estudiantes reinterpretan los símbolos y elementos observados en la comunidad: figuras humanas, animales del bosque, líneas geométricas y representaciones espirituales que emergen con gran detalle y color. Estos dibujos se transforman en detonantes emocionales que preparan el camino para la oralidad.  

La innovación se potencia cuando estos trazos infantiles cobran vida mediante el uso de inteligencia artificial. Cada personaje animado, cada movimiento, despierta asombro, curiosidad y una nueva forma de interacción con las propias creaciones. Esta tecnología no reemplaza la creatividad infantil: la amplifica.

A partir de estas animaciones, los estudiantes construyen historias propias mediante la metodología del storytelling, integrando escenarios inspirados en la vida cotidiana y la cosmovisión Shipibo-Konibo. De este modo, se convierten en narradores activos, protagonistas de relatos que fortalecen su identidad cultural y su competencia comunicativa.

Este proyecto ha sido posible gracias al compromiso de varios actores clave. Los estudiantes son el centro de la innovación: descubren su voz, desarrollan una habilidad para la vida y se acercan al uso creativo de herramientas tecnológicas. Los padres de familia brindan apoyo y acompañamiento, comprendiendo que estas experiencias preparan a sus hijos para un mundo más competitivo y culturalmente diverso. Finalmente, los maestros, desde los niveles inicial y secundaria, trabajan interdisciplinariamente, asumiendo retos formativos y explorando nuevas metodologías que enriquecen su práctica pedagógica.

No obstante, el camino no ha estado libre de desafíos: fomentar la fluidez oral en los niños, garantizar el acceso a laptops y tecnologías, y coordinar las visitas a la comunidad Shipibo-Konibo han sido los principales retos enfrentados.

A pesar de ello, los resultados son contundentes: la articulación entre dibujo, narrativa e inteligencia artificial ha motivado significativamente a los estudiantes, quienes desde el 2024 hasta ahora narran historias con mayor seguridad, coherencia y entusiasmo, demostrando avances visibles en la competencia “Se comunica oralmente en su lengua materna”.

Este proyecto confirma que, cuando la escuela honra la cultura, abre espacio al arte y abraza la tecnología, la voz de los niños encuentra un lugar para crecer.