En diciembre de 1829, el Congreso de la República aprobó la creación del Colegio San Miguel de Piura, promulgando la ley que ordena su establecimiento el 7 de diciembre de 1835. El primer director de la institución fue José de Lama, quien estuvo al frente hasta su clausura durante la Confederación Peruano-Boliviana. En 1846, bajo el mandato del general Alejandro Deustua, prefecto de Piura, el colegio reabrió sus puertas. A partir de abril de 1856, la institución adoptó oficialmente el nombre de «Colegio de Ciencias San Miguel de Piura», ofreciendo clases de secundaria en derecho filosófico y positivo, economía política, estadística, literatura, filosofía e historia, además de materias como latín, religión, francés e inglés, geografía, teneduría de libros y gramática castellana.

Existen evidencias que señalan la apertura de una sección de educandas en el colegio entre 1869 y 1873, dirigida por Mariana Seminario y Ubillus y Marcelina Romero. Aunque no se sabe con exactitud cuánto tiempo estuvo operativa, se conoce que las estudiantes recibían una educación variada que incluía asignaturas como historia sagrada, religión, gramática castellana, geografía física, higiene, aritmética práctica, caligrafía, costura, historia del Perú, música, urbanidad y elementos de higiene privada. Sin embargo, durante la Guerra con Chile en 1880, el colegio sufrió graves daños: los laboratorios de química y física fueron destruidos, y el local fue utilizado como caballeriza. La reconstrucción del plantel fue liderada por el doctor Emilio Espinoza, quien también reabrió el colegio en 1887.

Ese mismo año, el Congreso creó una contribución local para generar más fondos que aseguraran el funcionamiento de los colegios peruanos. Se estableció así un impuesto de cinco centavos por cada botija de chicha adquirida, lo que permitió en Piura la compra de útiles escolares y muebles necesarios para el San Miguel. El número de estudiantes aumentó a 80 en 1900 y, para 1908, el colegio ya contaba con 160 matriculados. La biblioteca comenzó a funcionar en ese mismo año, brindando acceso a recursos académicos fundamentales para el alumnado. No obstante, el 15 de julio de 1912, un terremoto devastó gran parte del colegio, obligando a la comunidad educativa a trasladarse a Tacala, a un inmueble de la familia Saavedra, y posteriormente a la casa de la familia Rodríguez en la calle Tacna hasta la finalización de la reconstrucción en la Plazuela Merino en 1930. Finalmente, en 1952, el colegio se estableció en su ubicación actual en la avenida General San Martín.

Durante las décadas siguientes, el colegio continuó evolucionando. En 1928 se intentó implementar la coeducación, aunque esta fue interrumpida hasta 1946, cuando se permitió nuevamente el ingreso de mujeres, aunque de manera temporal. A mediados del siglo XX, se implementó un taller de iniciación técnica, donde los estudiantes aprendían encuadernación, juguetería, carpintería, pintura, vidriería, fotografía y trabajo con cuero. Con donativos, se logró construir un teatro para actividades culturales y adquirir más libros para la biblioteca. En 1946, se fundó la sección nocturna, dirigida por el profesor Augusto Moscol, quien fomentó la creación de clubes de teatro, música, canto, danza, periodismo y oratoria, entre otros.

El 27 de octubre de 1953 se inauguró el nuevo local en el barrio Buenos Aires de Piura. Durante el gobierno de Manuel A. Odría, se impulsó el proyecto nacional Grandes Unidades Escolares, y el colegio fue rebautizado como «Gran Unidad Escolar Almirante Miguel Grau». No obstante, al año siguiente se le cambió el nombre a Gran Unidad Escolar San Miguel, y finalmente pasó a llamarse Institución Educativa San Miguel, nombre que conserva en la actualidad. En 1964, se implementó de manera definitiva la coeducación en la sección nocturna, lo que permitió una mayor inclusión de mujeres en el sistema educativo. En 2011, el colegio experimentó una serie de remodelaciones que incluyeron la renovación de ambientes, el anfiteatro, los laboratorios, el estadio y el coliseo. Hoy en día, ofrece educación primaria y secundaria para varones y mujeres en dos turnos, continuando con su legado de excelencia.

El Colegio San Miguel de Piura ha sido testigo episodios importantes en la historia del Perú y ha desempeñado un papel crucial en la formación de muchas generaciones de piuranos. Su capacidad de resiliencia y reinvención, en especial frente a desastres naturales y conflictos bélicos, deja una huella en la historia de la educación peruana, consolidándose como un referente de educación en la región.

Fuentes